Hay una palabra que provoca más nervios que “impuestos” en el mundo emprendedor: webinar. Apenas la escuchan, muchos se paralizan. Algunos sudan, otros buscan excusas y la mayoría se esconde detrás de una frase muy común: “Aún no estoy listo”.
Y esa es precisamente la barrera que impide que miles de personas descubran una de las herramientas más poderosas del marketing digital actual.
Álvaro Mendoza —quien también sintió miedo cuando oyó por primera vez esa palabra— lo explica con claridad: un webinar no es más que un seminario virtual, una reunión en línea. Pero lo que lo vuelve extraordinario no es la tecnología. No es la cámara, ni el micrófono, ni la plataforma. Lo verdaderamente poderoso es lo que ocurre a nivel humano: la conexión emocional que se genera a través de la pantalla.
Un buen webinar no es una presentación más. Es una conversación real. Es un espacio para compartir valor, escuchar a tu audiencia, construir confianza y generar vínculos que van mucho más allá de una simple venta. Porque sí, un webinar puede vender, pero antes de eso, transforma.
Álvaro comparte cómo fue su primer acercamiento al mundo de los webinars. También sintió ese vértigo, ese “no estoy listo”, ese “¿y si fallo?”. Y sí, falló: hubo problemas de audio, de conexión, de ritmo. Pero también hubo algo que no falló: el poder de estar frente a una audiencia real, compartiendo su mensaje y viendo cómo ese mensaje llegaba al otro lado.
Porque eso es lo que hace un webinar bien hecho: acorta distancias, toca corazones y deja huella.
Durante la pandemia, los webinars fueron la tabla de salvación para muchos emprendedores. De repente, todos estábamos en casa, buscando formas nuevas de conectar, aprender, enseñar y vender. Zoom, Meet, YouTube Live… se convirtieron en escenarios para quienes tenían algo valioso que decir. Pero no fue una moda. Los webinars existen desde hace más de 30 años. Y siguen siendo, sin discusión, una de las herramientas más poderosas del marketing moderno.
Aun así, hoy en día hay emprendedores que no se atreven. Que saben que un webinar podría catapultar su negocio, pero se quedan paralizados. Esperando. Puliendo. Postergando. Queriendo que todo salga perfecto. Y eso es un error.
Álvaro lo dice claro y sin rodeos: la perfección no existe. Y el miedo no se elimina, se usa como motor. Porque la única manera de superar ese miedo es haciendo. Nadie nace sabiendo. Todos, incluso los que hoy hacen lanzamientos multimillonarios, empezaron con errores, con nervios, con presentaciones mal hechas. Pero empezaron.
Y eso es lo que marca la diferencia entre un amateur y un profesional: la disposición a hacer, aprender, corregir y volver a hacer.
Álvaro también comparte los cinco grandes beneficios que hacen de los webinars un vehículo incomparable de conexión, posicionamiento y ventas:
Primero, la interacción en tiempo real. No hay mejor forma de conectar con tu audiencia que hablando con ella, escuchando sus preguntas, respondiendo en vivo, aclarando dudas y derribando objeciones en el momento. Esa interacción no la logras ni con un video grabado, ni con un correo automatizado.
Segundo, la autoridad. Un webinar bien hecho te posiciona como experto. En solo 60 o 90 minutos puedes hacer lo que muchos tardan meses o años en lograr: ganarte la confianza de tu audiencia. Y cuando hay confianza, hay ventas. No por presión, sino por convicción.
Tercero, la educación. La base de un buen webinar es entregar valor. Aunque haya una oferta al final, lo que la gente más recuerda es lo que aprendió. Por eso, Álvaro siempre lo dice en sus webinars: “Te voy a hacer una oferta, sí. Pero antes de eso, te prometo que este contenido te va a servir tanto que habrá valido cada minuto, aunque no compres nada.”
Cuarto, la prospección. Un webinar actúa como un imán. Atrae prospectos calificados que llegan por interés real, no por presión. No necesitas empujar ni perseguir. Solo compartir lo que sabes y dejar la puerta abierta para quien quiera dar el siguiente paso.
Y quinto, los resultados concretos. Porque un webinar bien estructurado convierte. Convierte curiosos en clientes. Convierte desconfianza en decisión. Y lo hace con cercanía, emoción y autoridad.
¿Y sabes qué es lo mejor? Que no necesitas ser perfecto. No necesitas un estudio profesional ni luces de Hollywood. Solo necesitas tener un mensaje claro, una estructura bien pensada y el deseo genuino de ayudar.
Porque un webinar no es una herramienta tecnológica. Es una herramienta emocional. Y cuando lo entiendes así, todo cambia. No importa si te tiembla la voz, si cometes errores, si no tienes la mejor cámara. Lo importante es que empieces. Que lo hagas. Que salgas al aire con lo que tienes.
La perfección es enemiga de la acción. Y la acción es lo único que te acerca al resultado.
Así que si estás esperando el momento perfecto para hacer tu primer webinar, deja de esperar. No existe. El mejor momento fue ayer. Y el segundo mejor momento… es hoy.
Hazlo con miedo. Hazlo con errores. Pero hazlo.
Recuerda: no vende la cámara. No vende el micrófono. Vende tu historia. Vende tu verdad. Vende tu capacidad de conectar con otros desde el corazón.



